Iñigo Cuesta

El Diario de Burgos elabora un bonito reportaje sobre Iñigo Cuesta.

Íñigo Cuesta, el adiós de un gran profesional

A sus 42 años Íñigo Cuesta se retira del ciclismo profesional, después de 18 años pedaleando con los mejores ciclistas del mundo, desde Pedro Delgado o Miguel Induráin hasta Alberto Contador

Íñigo Cuesta, en las escaleras de su casa de Villarcayo con los maillots de los equipos en los que ha militado.
José Marcos - Juan Carlos Moreno / Burgos
La ilusión ha mantenido a Íñigo Cuesta durante 18 años en el ciclismo profesional y la decepción de no poder correr la Vuelta a España en 2011 ha precipitado su adiós. El corredor de Villarcayo se despide a sus 42 años, después de labrarse un enorme prestigio dentro del pelotón y compartir decenas de carreras con los mejores ciclistas del mundo, desde la época de Miguel Induráin hasta el reinado de Alberto Contador. La Vuelta a Burgos le rendirá un merecido homenaje en la que puede ser su última carrera. «Es la única prueba que me motiva ahora mismo», asegura.
Íñigo Cuesta llegó al ciclismo por casualidad. De hecho recuerda que fue el último deporte que comenzó a practicar cuando era un chaval en Villarcayo. «Jugaba al fútbol como todos los críos y hacía atletismo, esquí y multitud de deportes. El día que cogí la bici fue con mi padre y un primo mío. Comenzó a gustarme, a dar paseos y a los 13 años hacía alguna ruta por Villarcayo. A los 14 me llamó más la atención y por medio de Saturnino López, que fue profesional en Villarcayo, me llevaron a Bilbao a correr una carrera social. La primera que corrí la gané y me enganché».
Desde entonces no ha parado. Se enroló en varios equipos de Bilbao hasta que le llegó la llamada del Euskadi para dar el salto a profesionales. Fue en 1994 y 18 temporadas después pone el punto y final a una pasión a la que no imaginó dedicarse tantos años. «Nunca pensé llegar hasta aquí. El deporte profesional es muy duro, con muchos sacrificios».
¿Cuál es la fórmula para seguir en activo tanto tiempo? Íñigo Cuesta lo tiene claro, la ilusión, la misma que le han quitado este año. «He aguantado porque siempre he mantenido la ilusión. Cuando empecé era como un juego y he sabido mantener esa sensación». Sin embargo, también la salud ha tenido mucho que ver y reconoce que desde muy joven se ha cuidado mucho.
Llega la hora del adiós y el ciclista de Villarcayo lo asume con naturalidad, como una consecuencia lógica de un mal año. A comienzos de temporada estuvo a punto de dejarlo, pero un joven y ambicioso equipo, el Caja Rural, le convenció de lo contrario. Su objetivo era claro: despedirse en la Vuelta a España, su carrera, una cita a la que no ha faltado nunca. Pero llegó la gran decepción. Los organizadores de la Vuelta a España decidieron no invitar al Caja Rural y el adiós del corredor burgalés se precipitó.
«No ha sido mi mejor año en cuanto a salud, con catarros y gripes. He estado fastidiado. Empecé a rodar bien en Asturias, pero llegó el parón y nos dijeron que ya no íbamos a la Vuelta. Ha sido muy poco motivante. Decidí seguir otro año porque me encontré muy bien en la vuelta del año pasado, con muchas ganas y me planteé hacerla otra vez y despedirme allí. La pena es que no nos han invitado», comenta días antes de iniciar la Vuelta a Burgos, una prueba a la que siempre se ha sentido muy unido. De hecho llegó a ocupar una plaza en el podio cuando militaba en la ONCE, concretamente en 1996. Fue en su primer año en el equipo que dirigía Manolo Saiz, y sus compañeros de podio reflejan los momentos de gran ciclismo que vivió este ciclista de Villarcayo que por entonces cumplía sus primeros pasos en el ciclismo. El primero de aquella Vuelta a Burgos fue Tomy Rominger y su compañero de cajón, el mismísimo Miguel Induráin. Pero no son las únicas estrellas con las que ha coincidido. Vivió los últimos años de Pedro Delgado o Gianni Bugno, el dominio de Induráin, el reinado de Lance Amrstrong, al irrupción de Alberto Contador. Además ha compartido experiencias con otro gran ciclista, Carlos Sastre, con el que le une una gran amistad.
Desde su enorme experiencia, Íñigo Cuesta ha podido ver la evolución del mundo del ciclismo profesional, desde aquel 1994 hasta ahora. «Ha cambiado todo, las carreras, los puertos, la forma de correr. Ahora se corre más en equipo y antes era más individual. El calendario ha aumentado mucho. Antes se empezaba en febrero en Mallorca y se hacía mucho más despacio, con más calma, mientras que ahora hay carreras desde enero y desde el principio son muy exigentes. Ahora se ve el ciclismo de otra manera. Cada uno prepara sus objetivos en un calendario tan largo y exigente. Es otro ciclismo».
También habla de aquellos corredores de otros tiempos: «Cuando empecé coincidí con mis ídolos, como Pedro Delgado, Miguel Induráin, Greg Lemmon, Gianni Bugno. Me gustó mucho correr con Zülle. Era diferente, muy noble y con unas cualidades impresionantes. Ahora el mejor es Alberto Contador».
Íñigo Cuesta admite las dificultades que está atravesando el ciclismo español. «Tiene un futuro incierto. Antes había diez equipos y ahora no llegan a cinco. Eso también afecta a las organizaciones. Antes con el calendario nacional no hacía falta salir fuera a correr y ahora quedan pocas carreras en España y se tiene que salir mucho al extranjero».
Íñigo Cuesta siempre ha sido un ciclista de equipo, con muy pocas opciones de ir por libre o luchar por victorias. Sin embargo, los pocos triunfos que ha logrado son de enorme calidad, la envidia de otros muchos ciclistas que se han retirado con victorias mucho menores. Ha ocupado un lugar en vueltas de prestigio como Burgos, Asturias o Catalunya. Ha sido tercero en la Clásica de los Alpes pero su gran año llegó en 1998 cuando se proclamó vencedor de la Vuelta al País Vasco con la ONCE. En 2000 añadió otro triunfo de mucho prestigio, al vencer en una etapa de la Dauphiné Liberé y en 2005 logró otro triunfo en la Volta a Catalunya. En su carrera figuran ocho equipos. Comenzó en Euskadi en 1994. Pasó a la ONCE, donde permaneció hasta 2001. Después de un fugaz paso por el Linda McCartney recaló en el Cofidis francés hasta 2005. Después de una temporada en el Saunier Duval llegó con Carlos Sastre al CSC y luego al Cervélo, para acabar su carrera en el Caja Rural.
Después de 18 años como ciclista la pregunta es obligada. ¿Cuál es el futuro de Íñigo Cuesta a partir de ahora?
«Me gustaría seguir vinculado a este deporte. Llevo 18 años de profesional y desde los 14 años montando en bici. Es lo que estoy acostumbrado a hacer, pero ahora mismo no me planteo nada», contesta el ciclista de Villarcayo.